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Crossover

 GUERLAND (ft. Compañeres de taller de Escritura y Literatura.)

(Fragmento)

(...) 

- Otro día más en la corte -se burló Cam mientras tiraba un vaso descartable a la basura-, se podría decir que somos visitantes recurrentes de Aldagar, y ni siquiera nos ofrecen nada para beber.
- Tu deberías dejar un poco el café y cumplir con las misiones, entonces no estaríamos metidos en este problema nuevamente -lo regañé.
Una vez más Cam prefería tomar café antes que luchar contra un demin, lo que había resultado en algunos heridos de los que éramos responsables.
Lo entendía, los Guerdads no tenían tiempo para nada más que luchar con demonios y servir a Aldagar, no era muy divertido. Sobre todo cuando arruinábamos las únicas misiones aburridas que nos daban, justamente por arruinar las otras.
Cam siguió quejándose hasta que entramos a la capital, incluso después de abrir las grandes puertas de oro tuvo tiempo de hacerle ojitos a la Guerdad de la entrada y luego seguir quejándose.
Conocía las salas del jurado de memoria, tanto que ya era aburrido. Desde que había vuelto del infierno de Aram no me dejaban ir a misiones importantes y me daban algunas tan absurdas que de alguna manera las terminaba arruinando. El castigo era solo mío, pero Cam se negaba a ir a una misión relevante sin mí lo que siempre lo arrastraba a este tipo de situaciones.
Llegamos a la sala dorada más pequeña, donde estaban los miembros de la corte menor esperando como siempre. Sentados en la fila más alta había cuatro de ellos: Marco, Priscila, Mailen y Reina se encargaban de sermonearnos en cada misión. Ellos brillaban con sus túnicas color escarlata, decoradas con símbolos dorados pertenecientes a la mitología Guerdad. Cada uno de sus símbolos representaban los elementos que gobernaban nuestro mundo: aire, fuego, tierra y agua.
También había dos miembros del consejo de paz, Arian y Yamila, vestían túnicas blancas y pulcras referentes a su trabajo. Ellos representaban el éter, la energía que rodeaba los cuatro anteriores. Eran los más amables con guerdads rebeldes como nosotros, simplemente suspiraban y anotaban en sus cuadernos cansados de atender a dos niños revoltosos.
Mientras tanto, Cam le gruñía a los dos guerdads escoltas, Facundo y Ludmila, quienes se supone que estaban ahí para luchar con nosotros si nos rehusábamos al castigo. Ellos eran guardias, guerreros de la corte celestial. No llevaban túnica, a diferencia de los otros seis miembros del consejo. Sus armaduras eran doradas con el escudo de Guerland en el pecho. Hombres de hojalata, como Cam solía llamarlos.
- Los mismos dos chicos tontos de siempre, esto ya no es divertido -se quejó uno.
- No sabía que los perros de la guardia real tenían permiso de hablar -contesto Cam, sin siquiera mirarlos.
Uno de ellos enfureció, pero fue llamado al silencio por el consejo.
-Esta vez ni siquiera me molestaré en llamar a Ledir -dijo uno del consejo de paz, intentando amenazarme con mi tío.
- Ledir está ocupado y Sam no puede venir a defendernos, ¿qué va a ser de nosotros? -se burló Cam-, solo porque un demin jaló del cabello a un humano normal, sin siquiera hacerle daño.
Ambos escoltas amenazaron a Cam otra vez, esta vez sacando la espada, pero este ni siquiera se movió. Por mi parte solo decidí estar en silencio. Estaba cansada de los escoltas que siempre se creían superiores, de los miembros del consejo que no paraban de decir ridiculeces y me prohibían hacer lo que mejor sabia: matar demins. Aun así, debía comportarme si quería volver a las misiones reales. Si quería mi equipo de vuelta.
Los miembros iban a dictar la misma sentencia de siempre, un castigo menor por disturbios en una misión, pero algo extraño comenzó a suceder. Afuera un disturbio se hizo presente, las puertas doradas se cerraron de golpe dejándonos encerrados, lo que solo significaba problemas.
Cam gritó que él no había echo nada mientras sacaba su espada. Los miembros de la corte, por supuesto, abrieron el portal y entraron uno por uno. Ellos estaban hechos para dictar sentencias, no para enfrentar peligros. En todo caso, lo único peligroso en sus vidas era perder la paciencia frente a nosotros, y eso todavía no había sucedido.
Solo los escoltas se quedaron a luchar, quienes quisieron empujarnos al portal, pero no lo lograron. Éramos Guerdad, debíamos pelear.
Mi daga ya estaba fuera de la funda cuando las puertas doradas explotaron. Demins inundaron la sala, arrastrando el cuerpo de la Guerdad que habíamos encontrado en la entrada.
- Oigan, ni siquiera le pedí su número -se quejó Cam.
Pero mi emoción no dejó que escuchara sus quejas. No podía entender que hacían demins en medio de la corte real, mucho menos no podía creer como habían cruzado la barrera y llegado a Guerland. Solo podía sentir un cosquilleo en mis manos, la daga había comenzado a brillar.
No importaba el motivo, demins estaban atacando. Finalmente, tenía un poco de diversión, la batalla había comenzado.















-K.A.Valdez

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