(GUERLAND, LIBRO 2, CAP ?)
https://youtu.be/S7pImHCDAw4
Un océano de paz y tranquilidad inundaba todo mi ser. Estaba flotando en medio de la oscuridad, a la deriva, sin rumbo fijo. No sabía que era esta extraña sensación, pero quería quedarme aquí para siempre.
Desde que había empezado toda esta locura, desde que había conocido este extraño mundo donde los ángeles y demonios eran reales, jamás había descansado tan bien como lo hacía en este momento.
Sabía que debía marcharme, que debía irme de donde sea que me encontraba, pero no podía dejar esta paz. El mundo real era muy complicado.
No entendía como terminé aquí, pero tenía un vago recuerdo de lo que había sucedido. Podía recordar la pelea y traición de Moira, demins atacando a los chicos. Ella me había apuñalado y extrañamente me había herido. Solía curarme con rapidez, pero fue diferente después de pelear con ella. Podía sentir todo ese dolor, y que no estaba sanando. Luego de matarla Blake había llegado, pero ya era tarde.
Tenía demasiado sueño. Solo quería dormir. Y de pronto aquí estaba. En este océano de oscuridad, sin nadie a mí al rededor.
Aunque estaba sola, algo o alguien me jalaba e intentaba comunicarse.
Podía oír pequeños susurros viniendo de quien sabe donde. Susurros que decían mi nombre. Los oía rogar, pero no podía entender esas voces. Aun así este océano me seguía consumiendo y no tenía el poder de intentar averiguar quien me llamaba.
Tenía la sensación de que olvidaba algo, pero no podía entender. Mi mente estaba tan nublada y comenzaba a olvidar el mundo real, incluso el por qué estaba aquí en primer lugar.
¿Estaba muerta? Por primera vez alguien había logrado herirme, hasta la muerte. ¿Esto era el más allá? Quizás este oasis de nada interminable era mi lugar de descanso final. Quizás mi aventura llegaba hasta aquí. Sonreí al tener ese pensamiento.
Quizás por fin podía reencontrarme con mamá.
Mientras comenzaba a cerrar los ojos, sumergiéndome aun más en el agua, una mano salió de ella y terminó por empujarme hasta el fondo. Di un último suspiro antes de hundirme por completo, y con eso me despedí del mundo real.
O eso esperaba, pero no fue así.
Cuando creí que ese era el fin, de golpe abrí los ojos y me encontraba recostada en un campo lleno de flores.
Me levanté del suelo sin comprender donde estaba, por qué había salido de ese océano oscuro y aparecido en un campo brillante.
Confundida comencé a caminar por ese lugar, siguiendo la dirección en que las flores eran llevadas por el viento. El sitio me resultaba extrañamente familiar, pero no podía averiguar donde me encontraba.
A medida que avanzaba, el camino se hacía cada vez más empinado, como si estuviera subiendo una escalera directo al cielo.
Mientras caminaba hacia la cima, los susurros que anteriormente oí en ese océano comenzaban a aparecer y hacerse cada vez más fuerte.
Podía oír a una mujer llorando y un hombre rogando que volviera. Sin embargo, cuando mire detrás no había nadie. No reconocía las voces, tampoco sabia donde debía volver.
Al mirar la cima de la montaña, solo se veía una luz muy fuerte que no me dejaba distinguir el pico más alto.
Atemorizada por esa luz, de pronto no podía seguir avanzando. Aun cuando sentía que las flores y el viento me empujaban hacia adelante, algo me conectaba con este paisaje tan fuerte que no quería dar un paso más.
- Debes subir a la cima, te están esperando.
Una voz angelical sonó detrás mío, como si fuera un susurro. Lágrimas comenzaron a rodar por mi rostro, reconociendo esa voz. No la había olvidado, podía saber quien era incluso con los ojos cerrados.
Había perdido a la dueña de esa voz hace tiempo, creía que la había perdido para siempre. Sin embargo, ella había vuelto a mí en este campo hermoso.
Y allí recordé la carta, donde pedía que la dejáramos descansar en esa montaña la cual sería su morada final.
Conocía este lugar, sabía donde estaba. También sabía quien se encontraba detrás mío, y aun así tenía demasiado miedo para voltear.
- ¿Esto es real? -dije sin darme vuelta.
Se oyó una pequeña risa.
- Es real si así lo deseas.
Tomó toda mi fuerza y coraje para darme vuelta, pero cuando lo hice, luego desearía no haberlo hecho. Porque jamás querría volver a la realidad y dejar de ver esa imagen.
Llena de luz a su al rededor, rodeada por un campo de flores, con el viento ondeando su cabello y una sonrisa enorme en su rostro estaba ella. Era un ángel, la imagen más hermosa que había visto en mi vida.
- Mamá.
Sonrió, y recordé lo bella que se veía cuando lo hacía.
Corrí a sus brazos sin poder contener las lágrimas, y ella me sostuvo fuerte como si jamás fuera a dejarme ir.
- Mi niña.
- Mamá, eres tú -lloraba con desesperación; alegría y tristeza me consumían. Las lágrimas no dejaban de salir-. Mamá, eres tú. No sabes cuanto te extrañé.
Ella acarició mi cabello como hacía cuando era pequeña.
- Yo también, mi niña. Te extrañé cada día desde que me fui.
- Mamá, no me dejes. No vuelvas a irte. Me quedaré aquí contigo. Por favor -rogué.
Ella solo sonrió con tristeza.
- Siempre estoy contigo, cariño. Justo aquí -apoyó su mano en mi pecho y sonrió-. Jamás me fui... por eso no puedes quedarte aquí. Tienes que subir.
Ella señaló la cima de la montaña. El viento trajo de vuelta las voces. Ya no eran susurros, podía escuchar con claridad como rogaban y de pronto supe quien era.
- Ese es... ¿Ledir? -dije, reconociendo su voz. Podía escuchar a mi tío, estaba llorando.
- No puedes dejar que llore demasiado, arruinara su imagen -dijo mi madre mientras reía.
- ¿Por qué llora? -dije sin comprender.
Mi madre sonrió amargamente.
- Porque tú estas aquí, y no allí. Estas inconsciente, entre la vida y la muerte.
- Pero yo... -dude por un momento. No sabía que hacer a continuación-, yo quiero quedarme aquí.
- ¿Y dejar solo a tu tío? -dijo ella, negando con la cabeza-. ¿Dejar solos a tus amigos? ¿A ese chico Blake que tanto te quiere?
Blake...
- ¿Blake está bien?
- Tienes que irte de aquí para descubrirlo -dijo simplemente.
Irme de aquí...
- ¿Dónde es esto exactamente? -pregunte confundida.
- Esto... es el lugar al que ahora pertenezco. Pero tú... tú tienes mucho que hacer, mucho que vivir -mamá tomo mis hombros e hizo que la mire fijamente-. Lo entiendes, ¿verdad? No puedes quedarte con mamá, tienes que irte.
Lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas. Sabía que no debía quedarme aquí, donde sea que era este universo. Podía escuchar a Ledir llorar, rogar que me quedara con él, pero mamá estaba aquí y no quería volver a perderla.
- Mamá, me haces falta. No sé cómo vivir sin ti. No quiero perderte otra vez -rogué, aferrándome a su brazo.
Quizás si la sostenía con todas mis fuerzas no volvería a desaparecer.
- Cariño, tú puedes hacerlo. Tienes a tu tío Ledir, a Sam. Tienes a tus amigos, personas que te aman y necesitan. Mamá está orgullosa de la mujer que eres y por todo lo que luchas. Puedes hacerlo sin mí.
- Pero no quiero hacerlo. Duele mucho.
- Aprenderás a sobrevivir con ese dolor. Lo harás parte de ti, te hará más fuerte -ella acarició mi mejilla, limpiando las lágrimas-. Mamá quiere que vivas. Vive todo lo que yo no pude, y más. Sigue creciendo, sigue haciéndote fuerte. Jamás dejaras de llorar, ni olvidaras pero también reirás, amaras y encontraras momentos de felicidad. ¿Puedes hacerlo? Por mamá.
Asentí insegura, porque realmente no sabía si podía hacerlo. Todo este tiempo había vivido con el dolor de su perdida y aunque había momentos en los que era feliz, no encontraba las ganas de seguir haciéndolo.
- ¿Volveré a verte?
- Siempre que me extrañes, búscame en los lugares y cosas que te conecten a mí. Imagíname sonriendo y que estoy allí para ti. Abrazándote como lo hacía cuando tenías pesadillas o te golpeabas de pequeña. Asi aprenderas que los que te aman están contigo para siempre. Mi alma vive en ti y siempre estará a tu lado.
Volví a mirar la cima; podía escuchar las voces susurrando, pero mis deseos de quedarme con mi madre eran más fuertes. Aun así la abracé por última vez, sin querer soltarla o despedirme. Porque sabía que aunque quisiera, este era su mundo, no el mío.
- Eres una gran madre. Soy lo que soy por ti. Gracias por criarme y darme una buena vida -sonreí entre lágrimas y por primera vez pude notar que sus ojos también se ponian humedos-. Seguiré luchando. Serás eterna mientras yo viva.
Mi madre me miró con mucho orgullo, y eso fue suficiente para hacerme seguir.
Antes de partir, mire una vez más esa bella imagen que me regalaba. Una gran sonrisa se dibujaba en su rostro juvenil y brillante. Parecía un ser de luz, un ángel de la guarda real. Allí, en ese campo de flores, lleno de luz y felicidad se encontraba su eterno descanso.
- ¿Eres feliz aquí? - pregunté antes de irme, absorbiendo su imagen por última vez tanto como pudiera.
- Nunca he sido más feliz en mi vida -ella dudó por un momento-. Me retracto. Si hubo un momento más feliz que este, fue cuando tú naciste -sonreí al oír eso-. Pero sí, soy feliz. Puedo descansar, cuidar y ver a mi niña crecer y ser feliz. Es todo lo que necesito.
- También es suficiente para mí.
Le di una última sonrisa y comencé a subir la cima, dejando salir todas las lágrimas que había guardado desde que la había perdido.
No estaba perdiéndola otra vez, no estaba diciendo adiós.
Solo era un "hasta pronto".
Viviré y seré feliz hasta el día que nos volvamos a ver.
-K.A. Valdez
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