Ir al contenido principal

ATLAS SANGRIENTO

 

Hoy decidí irme, me cansé. Estaba llevando una vida muy pesada y ya no la aguantaba.
La angustia se convirtió en el peso de la humanidad, y yo era el titán Atlas quien la cargaba sobre sus hombros como un castigo. Uno que ni siquiera era mío.
Hablando de Atlas... fui tan tonta que tropecé con un viejo libro de mitología griega mientras perdía cada vez más fuerza. Sangre se derramaba de mis muñecas, dejando una línea carmesí que marcaba el camino para la siguiente persona que volviera a casa y se encontrara con esa escena. Por supuesto, hasta el último día hice desastres.
Sin querer seguir, me senté en el suelo rodeada de mis pesares teñidos de rojo.
Pobre de mi madre, pensé. La tenía difícil. Me había llamado egoísta por un pequeño error, una pequeña discusión. Y al final, la única vez que lo había sido, era ahora mientras seguía dibujando con la hoja de afeitar.
Pobre de mi mascota, me lamenté. La única que valía la pena, no sabía si alguien más la cuidaría como yo.
Pobres los paramédicos, quienes intentarían arreglar sin éxito este cuerpo que ya se había roto hace mucho tiempo.
Y... ¿pobre de mí?
No, de mí nada.
Este era mi momento. Por fin podía soltar el último chillido, mi última agonía. Sin embargo, para los demás, recién comenzaría.






-K.A. Valdez

Comentarios

Entradas más populares de este blog

PIEZAS

Nacemos como seres rotos, incompletos e imperfectos. Vivimos una vida vacía intentando encontrar eso que falta, la última pieza. Algunos pasan toda su vida buscándola, otros la encuentran y la rompen, incluso la pierden. Sin embargo los verdaderos afortunados las guardan y protegen, las hacen parte de sí mismos. Se completan.  Encontré mi pieza en el lugar menos esperado, el mar. Ella flotó a mi con tranquilidad, como si supiera cuál era su lugar, como si me conociera de toda la vida. No comprendí en ese momento que estaba completa, incluso antes de estarlo.  Su existencia me llenó de vida, ya no estaba rota. Esa pieza grande y poderosa sonrió, se unió a mi y fui feliz. Tan malditamente feliz. Nacemos como piezas rotas, sí, pero se puede arreglar. Podemos arreglarnos.  Hay otras piezas rotas en el mundo que no encajan en ninguna parte hasta que encuentran su forma en otro cuerpo, otro universo. Tengo mi pieza, mi persona, mi alma gemela.  Apareció cuando menos l...

CONSULTORIO DE ALMAS

— Una alma joven llena de inocencia, un alma perturbada dispuesta a todo, y un demonio preparado para destruirlos.  La doctora resumió su historia a la paciente, causando un poco de suspenso. Acomodó a la joven en la camilla y puso la luz directa sobre su rostro.   La paciente temía ir al dentista y no había forma de que pudieran atenderla tan fácilmente, entonces llegó a un acuerdo con la doctora. Le pidió que le contara una historia de terror, la cual le cause más miedo que los instrumentos odontológicos. Esta accedió con diversión, si era la única forma de realizar su trabajo en paz entonces lo haría. — ¿Conoces al hada de los dientes? —su paciente movió los ojos en señal de afirmación, no podía moverse a causa de los instrumentos que sostenían su rostro y boca—. Bien, hay una leyenda donde dicen que el hada de los dientes no es tan buena como la pintan. Esto le sucedió a una joven hace mucho tiempo, pero no lo suficiente para poder olvidarlo.  Entonces la dentist...

¿ESTOY VIVO Y BIEN, O ESTOY SOÑANDO MUERTO?

  Taxi Cab - twenty one pilots 🎬 Un dolor invadió la parte trasera de mi cabeza. Cubrí mi rostro con las manos, cegada por la luz fuerte que apuntaba directo a mis ojos. Parpadee ante la luz brillante un par de veces hasta poder abrirlos y ver con claridad, entonces con calma miré el techo de mi cuarto. Estaba en mi cama, en casa. No sabía en qué momento me había dormido, o qué pasaba. ¿Era la mañana temprano y debía ir a trabajar? ¿o era la tarde, había vuelto y me había acostado? Mi cabeza dolía de una forma tan anormal que sea la mañana o la tarde, algo pasaba.  Estiré los brazos con dolor... no, no solo la cabeza, todo en mí dolía. Golpee con la mano a uno de mis gatos, esta se acurrucó molesta. — Déjame dormir —se quejó Shiro. — Lo siento —contesté, y un momento después me sorprendí a mi misma. Shiro había hablado, la había entendido... ¡Le había contestado! — Es tan tonta, siempre dice lo siento para todo —rio Max, mi otro gato, subiéndose de un salto a la cama. Estiró ...