PRÓLOGO.
Sonriendo, corrí bajo la lluvia, haciendo rodar mi paraguas. Era una noche negra y estaba mojándome más de la cuenta, pero no importaba mucho porque estaba feliz.
Mi última noche, en la mañana debía volver a la casa de mi madre y quería disfrutarlo al máximo. Nunca llamaba a ese lugar mi hogar, ya que el único hogar lleno de amor y cariño que conocía era el de mi padre. Mi casa, donde realmente éramos una familia.
Estaba de camino a la tienda, mi hermano ni siquiera había notado que tomé su bicicleta, se encontraba demasiado concentrado en el torneo de futbol que jugaba sentado frente al televisor junto a su amigo y mi padre.
Al principio jugaban God of War, pero luego de media hora escuchándome hablar de dioses y cómo algunas partes en el juego no eran correctas (no era casualidad que nos hubieran nombrado con el nombre de una diosa y el de una deidad), se cansaron y cambiaron a uno de futbol.
Así que tomé las llaves del candado, mi paraguas y escapé a la tienda a comprar dulces.
Dejé la bicicleta en la esquina encadenada a un poste, y caminé una manzana hasta la tienda, así podía disfrutar de la lluvia.
Papá me había regalado un bonito paraguas negro lleno de tachas como pinches y con la punta en forma de aguja. Extravagante, extraño. De seguro era parte de un disfraz de bruja de Halloween pero no me importaba, lo amaba.
Cuando llegué a la tienda lo sacudí un poco y abroché para cerrarlo. Tenía planeado comprar helado, galletas y pastillas de menta. Tyler, nuestro amigo, comía su helado con esas pastillas, lo cual era asqueroso y se lo vivía diciendo, pero él seguía insistiendo en que era delicioso.
Una vez que entré y tuve todo lo que necesitaba, pagué rápido y salí de la tienda. Afuera comenzaba a hacer frío y llover más fuerte. Me agradaba la sensación. Aquí se respiraba otro aire. Estaba decidiendo si correr hacia el auto o esperar a que parara de llover cuando un tipo se me acercó.
— ¿Jessica? —murmuró el desconocido, apuntándome.
Lo vi tambalearse y de inmediato supe que se encontraba ebrio, por eso me confundía con alguien más. No podía lidiar con eso, no aquí donde era feliz. Tenía suficiente de esa mierda con esa mujer a la que llamaba 'mamá'.
Intenté ignorarlo, pero él seguía allí bajo la lluvia, apuntándome.
— Lo siento, no te conozco —murmuré acobardándome.
— ¡Claro que me conoces perra estúpida! —gritó de pronto, haciéndome saltar.
Di un paso hacia atrás, quizás si era rápida podría entrar a la tienda y pedir ayuda. Cuando intenté dar otro paso, el tipo se tambaleó hacia mí y me tomó de la muñeca fuertemente.
— ¡Suéltame! —grité asustada.
El señor de la tienda debía oírme. Él debía hacerlo.
Un relámpago cruzó el cielo haciendo temblar todo. La lluvia comenzó a caer más fuerte.
— Dame eso. ¡Seguro te lo dio ese bastardo! -gritó, quitándome el paraguas de las manos y apuntándome con él.
Tiré todo lo que tenía al suelo y levanté los brazos.
— Por favor, llévate lo que quieras. Haz lo que quieras con él, pero déjame —supliqué, las lágrimas se amontonaban con la lluvia en mis ojos. El miedo palpitaba fuertemente en mi pecho y sabía que nada bueno sucedería a continuación.
Y fue como si hubiera leído mis pensamientos, mis miedos. Logré verlo, vi como levantaba el paraguas en el aire. Las tachas y puntas brillaban con las luces del cielo y ese hombre me observaba con la mirada más loca que había visto jamás. Tenía los ojos rojos y vidriosos, como si realmente no viera.
Quizás por eso me confundió con alguien más. Quizás esa fue la razón por la que comenzó a golpearme con fuerza en la cabeza.
Caí al suelo en un segundo, intentando gritar que se detuviera, pero mi voz no salía. Podía sentir cada golpe, notaba como cada tacha del paraguas negro y brillante se clavaba con fuerza en mi hombro y cabeza.
Solo logré cubrirme el rostro con las manos, y aguanté el dolor hasta que se detuviera. Sabía que ese era el fin. Sabía que el paraguas tendría una punta filosa que se clavaría directo en mi pecho. El hombre tenía una mirada loca y su simple arma era un paraguas negro, pero acababa de terminar con todo rastro de vida en mí.
Y sabía, estaba muy segura, de que cuando esa punta se dirigiera a mí, todo terminaría. No habría más dolor ni pena. No existían los divorcios ni el dolor de estar separados de las personas a quienes amábamos.
Todo comenzaba a desaparecer, a sumirse en la oscuridad. Pero pensé en Than, mi amado hermano. En mi padre. En Tyler. Y mi corazón dolió, aún no estaba preparada para perderlo todo.
Pedía a los cielos y a esa noche tan oscura que todo sea un sueño, que no fuera real, pero sabía que estaba equivocada. La realidad dolía más que cada golpe en mi cuerpo.
Esto podría ser un sueño, me decía a mi misma. O no, no lo era. Era una pesadilla.
Un mal sueño. Podía ser eso, intenté convencerme.
Pero siempre sabría que no lo era.
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RETURN - iKON |
-K.A. Valdez
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