La primera canción sonó, la melodía era lenta y dolorosa, se clavaba muy dentro de mí. A veces se necesitaba una mínima cosa para estallar.
Me gustaría que los demás puedan ver el mundo a través de mis ojos, y sentir la desesperanza que me consume.
La segunda comenzó, entonces una lágrima corrió por mi mejilla.
Me gustaría salir de este caparazón roto al menos una vez.
La tercer canción llegó con un llanto ahogado, intentando ocultarlo dentro de mi ser.
A veces intento recordar cuando todo se volvió oscuro, cuando fue que la realidad se quebró y volvió gris, pero no lo recuerdo.
No pude escuchar la cuarta canción, mi cabeza dolía y los oídos zumbaban por las lágrimas derramadas.
Pareciera que pasó poco tiempo desde la última vez que sonreí con sinceridad, y a su vez siento que el sufrimiento es eterno, y lleva instalado ahí desde hace mucho, mucho tiempo.
Para la quinta, estaba destruida.
Se siente muy solitario, y duele mucho. Por dios, no se imaginan lo que duele.
La sexta hizo que comenzara a calmarme.
Entonces sentí más dolor y recordé la razón por la que lloraba desde un principio.
Séptima canción, y las lágrimas se aventuraron como olas que van y vienen otra vez.
Soledad, desesperanza, miedo, angustia, enojo, todo se derramó a través de lágrimas silenciosas.
La lista terminó, entonces puse reproducir otra vez y seguí llorando.
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