Una gota de aceite cayó sobre su dedo, haciéndola saltar.
Observó el pequeño rojo en su mano, y una lágrima rodó por su mejilla. Luego otra, y otra.
Lágrimas caían mientras seguía observando la gota de aceite caliente que ya había desaparecido, dejando un punto dañado.
Un pequeño dolor físico fue la gota que derramó el vaso, la excusa perfecta para dejar escapar toda la carga que llevaba. Todo su dolor, temor y angustias se derramaron desde lo más profundo, quebrándola hasta no tener arreglo.
- ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras? -pregunto alguien al verla allí parada, sollozando en silencio.
- Duele -contestó, llorando aún más fuerte, llevando su mano quemada al corazón, donde se encontraba su dolor real. Perdió fuerza en sus piernas y se deslizó hacia el suelo-. Duele mucho.
Aquella persona la miró con sorpresa.
- ¿Lloras solo por una gota de aceite?
Ella siguió llorando, golpeándose el pecho.
-Duele... duele mucho... Lloro porque no deja de doler...
Comentarios
Publicar un comentario