(Escrito para el taller de Escritura y Literatura. La consigna fue "¿qué pasaria si nos hicieramos un tatuaje y este cobrara vida?")
Desde el primer momento en el que leí Given sabía que había una escena que debía tatuarme si o sí. Hay un momento en la historia, donde uno de los personajes tiene que dejar ir a alguien. Cuando el otro le dice "Adiós", él cree que está listo para dejarlo, sin embargo siente el impulso de darse vuelta. Justo en ese momento aparece la imagen del protagonista, sonriendo y diciendo una frase. Una única frase con el peso para aplastar cualquier cosa y a cualquier persona. Mafuyu sonríe, inclina la cabeza hacia un lado y dice: "Estarás bien."
Esa frase fue recordada con desesperación, ternura, enojo, deseo y un ruego. Y eso fue lo mismo que sentí cuando la vi. Se volvió un recordatorio para los momentos difíciles, y sabía que debía tenerla presente en mí para siempre.
Entonces llegó el día, y por fin salía del salón de tatuaje con mi hermoso recordatorio en el brazo. Ese día estaba nublado, y aunque no lo sentía por la emoción de mi nuevo tatuaje, todo se sentía raro. En calma, literalmente la calma antes de la tormenta.
Todo pareció congelarse, y de pronto una explosión de luz salió del cielo. Solo fue un segundo, pero fue lo suficiente fuerte para derribarnos a todos los que estábamos en la calle.
Algunas personas que estaban en el estudio de tatuajes salieron corriendo, ayudaron a que me levantara y comenzó el caos. Nadie sabía que pasaba, pero todos lo habían visto. Mi brazo dolió un poco y sentí un cosquilleo extraño, pero entre tanto lío fue lo último en que pensé.
Nadie supo qué paso ese día en realidad, ni siquiera los expertos podían explicarlo, y había muchas teorías sobre lo sucedido, pero con el tiempo lo descartaron como alguna anomalía del cielo, o espacio, y la gente se aburrió del tema.
Por mi parte me dediqué a sanar mi tatuaje, todavía seguía feliz y lo miraba con frecuencia. Quizás por eso me confundía un poco ver algunas cosas extrañas, como Mafuyu inclinando la cabeza hacia el otro lado, algunos mechones de su cabello estaban en distintas direcciones, o incluso se me hacía que lo veía mover su guitarra.
Pero todo esto fue descartado como alucinaciones pasajeras, por la emoción de mirarlo tanto, hasta que un día Mafuyu por fin habló. Si, el tatuaje lo hizo.
Me encontraba llorando, angustiada por algo que normalmente me atormentaba, cuando escuche una voz suave que dijo "estarás bien".
Al principio me asusté y no supe de donde venía, comencé a escanear mi cuarto asustada de que hubiera alguien, entonces sentí un cosquilleo en el brazo y por fin pude ver a Mafuyu sonriéndome, mirándome fijamente a los ojos. Los trazos de tinta se movían y bailaban sobre mi piel, como si fueran serpientes.
Agité mi brazo y él se movió, volvió a acomodarse en la misma posición y repitió "estarás bien".
Así descubrí que mi tatuaje había cobrado vida. Investigué un poco sobre ello, si estaba relacionado con el día que lo había hecho, cuado apareció esa extraña luz en el cielo. Pero no había nada raro, nadie decía nada sobre tatuajes cobrando vida.
Pensé que, si le estuviera sucediendo a alguien más, todos estaban ocultándolo. Entonces no dije nada, y así empezó la extraña convivencia con Mafuyu.
Cada mañana me despertaba y miraba mi brazo. Él sonreía y decía que estaría bien. Al principio me animaba, intentaba absorber sus palabras y confiaba que de verdad estaba bien.
Pero con el tiempo, mis demonios internos hicieron eco, y la suave voz del tatuaje no era lo suficiente alta para callarlos.
No podía llorar, porque él siempre estaba viendo y cada vez que me angustiaba solo decía que estaría bien, aunque no, no lo estaba.
Esa frase se volvió algo difícil de escuchar, hasta el punto de detestarla. Quería gritar, llorar y derrumbarme, quería sentirme mal sin tener que escuchar palabras de aliento.
El dolor demanda ser sentido, leí en un libro hace mucho, ¿entonces por qué no podía hacerlo?
Este tatuaje que había deseado tanto se volvió una gran carga, el milagro que había ocurrido cuando cobró vida se sentía más como una maldición.
Un día no lo soporté y rompí en llanto, él sonrió y dijo que estaría bien.
- No, ¡no lo estoy! -grité con nerviosismo, él hizo una mueca de disgusto.
Soportar tanto dolor para que él no lo viera, para no escuchar esa maldita frase, solo me volvió una bomba de tiempo. De vez en cuando había pequeñas explosiones, me enojaba o lloraba, y él con su voz exasperante repetía que estaría bien. Cada vez que le gritaba que se callara, hacia esa molesta mueca de disgusto, la cual me enojaba aún más.
Cuando seguía llorando ignorando lo que decía, él solo se hacía más pesado, sus trazos más gruesos, y repetía su frase dando énfasis a cada palabra.
Me torturaba, y no podía soportarlo.
El día que llegó la gran explosión, había un cuchillo cerca. No quería parar de llorar, quería enojarme con todos y dejar de retenerlo. Quería que él dejara de hablar y de hacer una promesa que no podía cumplir.
Estaba cansada, no estaba bien.
El tatuaje dejó de hablar cuando vio que levanté el cuchillo, ya que no podía decir más que su odiosa frase, no pudo rogar que me detuviera.
Los trazos fueron cortados, las líneas desaparecieron. Un pedazo de carne fue tirado a la basura, ahora solo veía sangre y parte del hueso. Pero ningún tatuaje, ninguna frase que me torturara.
Me hubiera gustado despedirme de Mafuyu, pero como no estaba bien no era posible. Deseaba que la próxima vez fuera con alguien más que lo escuchara, que pudiera creerle.
Con su partida pude sufrir en paz y tranquilidad, el dolor salió sin ningún tipo de presión.
No estaba bien, y tampoco lo estaría en mucho tiempo. Pero si decidía estarlo, sería porque yo lo quisiera y no porque una pequeña voz en mi piel me lo dijera.
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"Estarás bien." |
- K.A. Valdez
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