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LA REALIDAD NO TIENE COLOR

 El joven se encontraba sentado en el parque cuando todo comenzó. Estaba tan concentrado en su libro que tardó un momento en notar el temblor. El suelo comenzó a moverse haciendo que todo en él vibrara. A su al rededor el mundo se  sacudió tan fuerte  que parecía una explosión.

 Repentinamente  el tiempo se congeló, las cosas a su al rededor se detuvieron, incluso el viento dejó de soplar.

Y entonces una luz lo cegó por completo. Su visión se volvió azul pero no uno brillante, uno oscuro, horrible.

Tubos de luces conectaron con el suelo, rayos azules bajaron a toda velocidad, tomando su cuerpo, su alma. Esas luces venían de unos platillos en el cielo, ¿eran alienígenas? No lo sabía, sin embargo le sorprendía más  el poder de los colores que lo rodeaban que las máquinas de última generación que sobrevolaban sobre él. Colores puros penetraban el espacio, el azul cortaba el violeta  como espadas.

De repente el chico comenzó a flotar producto de esos rayos, sentía que algo se  desprendía de su cuerpo pero todo en él parecía intacto. Estaban robándole, quitándole algo muy importante, pero no sabía qué...

Entonces cerró el libro y dejó de leer.


Imagen de Ivan, compañero del taller de Escritura y Literatura.



-K.A. Valdez

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