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DEL OTRO LADO

Llovía, estaba completamente oscuro, todo encajaba en su lugar.

Era el día perfecto.

 No tardaría mucho para llegar a mi destino, así que decidí tomar el camino largo y disfrutar del clima.

La oscuridad fría y húmeda me cubría el paso, las nubes negras flotaban sobre mí siendo una grata compañía. Pasé frente a una vieja casa, un gato negro espiaba por la ventana. Él siseó al verme, y le sonreí en respuesta. También es un gusto, pensé con gracia.

 Amaba los gatos, aunque ellos no tanto a mí.

Llegué al final de la manzana y todo se volvió familiar, los árboles se movieron con el viento como si me dieran la bienvenida.

 Estaba en casa.

 Los autos pegados al cordón de la calle me indicaban que llegaba tarde, pero no lo suficiente. Modelos de distintos colores y tamaños se apilaban como fichas de lego que encajaban perfectamente en el lugar.

 La lluvia se volvió más pesada, caminé con lentitud hasta la casa. Mi casa, debo decir, aunque eso había sido hace mucho, mucho tiempo. 

 Cuando la entrada estuvo frente a mí pude ver toda clase de conocidos y desconocidos invadiendo el lugar, las personas vestidas de negro entraban y salían de allí como un hormiguero repleto. Los pasé sin mirarlos y ellos también me ignoraron, por supuesto. No quería ver la expresión falsa de algunos, y las de dolor en otros, era molesto en este momento. Este es mi día perfecto, no pueden arruinarlo.

 Dentro de la casa caminé entre la multitud a la sala central, donde estaba el punto de reunión. 

Me sentí como la primera vez que caminé hacia el altar. Parecía nuestra boda, solo que no había pastel allí. No, algo más pintoresco, un gran cajón decoraba el lugar.

Las personas al rededor lloraban y se lamentaban, como si los funerales no fueran más difíciles, eso casi arruinaba mi humor. Dejen de llorar, yo estoy feliz.

 Espere con paciencia a que las hormigas se alejaran, nadie me prestó atención cuando me paré frente al ataud y golpee la tapa.

 Toc, toc, toc. No hubo respuesta.

 Extraño, pensé, sigue dormida.

Me disponia a golpear una vez más cuando un sonido vino de allí dentro.

 Toc, toc, toc, fue su respuesta. 

Entonces con demasiada facilidad tomé la tapa y la levanté. Una mujer anciana reposaba allí, su rostro y cabello blanco como la nieve se volvieron a mí, clavándo su mirada en mi ser.

 — Ha pasado un tiempo —saludé —ella intentó abrir la boca, no salieron palabras—. Solo aguarda, será más fácil en un momento.

 Automaticamente mis manos encontraron las suyas y se entrelazaron con fuerza, donde siempre habían pertenecido. Tirando hice que se sentara en su caja de reposo.

Ca... Cariño —logró decir con bastante dificultad.

— ¿Cuánto tiempo ha pasado?  Te ves mucho más arrugada que yo, pero aún eres hermosa.

 Ella sonrió apenada, una mueca del pasado que siempre había adorado. La sonrisa que vi el día que la conoci, la de la primera cita...  la que apareció cuando pedí su mano.

¿Volviste... para... quedarte? —dijo, una luz de esperanza inundaba su rostro.

— Vine para buscarte. Vamos, es hora.

Tiré de sus manos haciendo que se levantara. Con dificultad y lentitud ella se levantó y tomé la cola del vestido blanco como la primera vez en la iglesia. Sacó un pie, luego otro, al final su cuerpo entero estaba fuera del cajón.

¿Qué pasa con ellos? —señaló a las hormigas de negro que rodeaban su lugar de descanso. No parecían notarnos, todos miraban el cajón como si todavía estuviera cerrado, como si ella todavía estuviera allí dentro—, ¿aquí termina?

 Me encogí de hombros y sonreí.

— Aquí termina —afirmé—, sin embargo comienza de nuevo del otro lado, ¿lo recuerdas? Vayamos juntos.

 Ella sonrió y tomó mi mano con fuerza. 

Con paso firme como en las viejas épocas la guie hasta la salida, y nos fuimos de su funeral.

 Antes de partir, de cruzar al otro lado, un cuadro junto a la puerta llamó mi atención. Una pequeña vela iluminaba la foto que había atrapado el momento más feliz de mi vida, muchos años atrás, el día de nuestra boda.

 Ella sonreía frente a mí, me miraba fijamente mientras ponía un anillo dorado en su dedo. Mi boca entre abierta dejaba salir la promesa que nos habíamos hecho y por la cual estaba aquí:

"Juntos hasta que la muerte nos separe, e incluso después de eso, volveré a buscarte cuando sea el momento para que sigamos juntos del otro lado."






-Dezz.

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