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¿ESTOY VIVO Y BIEN, O ESTOY SOÑANDO MUERTO?


Un dolor invadió la parte trasera de mi cabeza. Cubrí mi rostro con las manos, cegada por la luz fuerte que apuntaba directo a mis ojos. Parpadee ante la luz brillante un par de veces hasta poder abrirlos y ver con claridad, entonces con calma miré el techo de mi cuarto.
Estaba en mi cama, en casa. No sabía en qué momento me había dormido, o qué pasaba. ¿Era la mañana temprano y debía ir a trabajar? ¿o era la tarde, había vuelto y me había acostado? Mi cabeza dolía de una forma tan anormal que sea la mañana o la tarde, algo pasaba.
 Estiré los brazos con dolor... no, no solo la cabeza, todo en mí dolía. Golpee con la mano a uno de mis gatos, esta se acurrucó molesta.
— Déjame dormir —se quejó Shiro.
— Lo siento —contesté, y un momento después me sorprendí a mi misma.
Shiro había hablado, la había entendido... ¡Le había contestado!
— Es tan tonta, siempre dice lo siento para todo —rio Max, mi otro gato, subiéndose de un salto a la cama. Estiró su espalda y levantó la pata, comenzando a lamerla—. Tiene que dejar las pastillas.
— Eso es mentira —me quejé, haciendo que ambos saltáramos.
 Otra vez le contesté, lo entendí.
 Max ladeó la cabeza y me miró serio. Entorno los ojos como si quisiera ver más allá de mí.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó simplemente.
— ¿Qué hago? ¡Max, estoy en mi cama! ¡mi casa!
— ¿Lo estas? 
 Dudé, acababa de  despertar y no entendía la situación.
— ¿Estoy soñando?
— Sí y no.
— ¿Dónde estoy?
— Aquí y allá —dijo con pereza.
— ¿Qué tipo de respuestas son esas? —me enojé.
— Las que da un gato —contestó Shiro desde un rincón de la cama.
  Sentí un poco de miedo, ¿de verdad estaba hablando con mis gatos? 
— ¿Por qué me duele la cabeza?
— Quizás te golpeaste —dijo Max estirando su patita—... o quizás no.
 Frustrada, asustada y confundida volví a acostarme. Mi cabeza dolió aún más pero la ignoré. Tenía que dormir, o tenía que despertar. Lo que sea, donde sea, tenía que salir de ahí.
 Cerré los ojos e ignoré ese cuarto extraño, a esos gatos que parecían míos pero a la vez no.
Paso un tiempo hasta que me sentí en calma, segura de lo que había detrás de mis parpados.
 Abrí los ojos y vi el techo. 
Dolorida, estiré el brazo y golpeé a Shiro. Dije lo siento inconscientemente.
Max saltó hacia la cama, estiró su espalda y lamió su patita. Luego me miró fijamente.
Esperen...
¿Seguía en el sueño? ¿Estaba despierta... o nunca había dormido?






-Dezz.

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